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ZEN Y EL ARTE DE LOS ARQUEROS JAPONESES

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Tú eres el arco, tú eres la fecha, tú eres blanco y tú eres quien pone todo en movimiento. De esta manera, quien acierta en el blanco y el blanco mismo dejan de ser dos presencias antagónicas para convertirse en un solo ser. En el fondo, este principio engloba a cualquier arte oriental. No se trata de buscar un goce estético ni un fin utilitario sino, más bien, que todas las artes absorban como finalidad el ejercicio de la inteligencia y su puesta en relación con una dimensión esencial que, en última o en primera instancia, consiste en hacer de la persona un todo único de lo consciente con lo inconsciente.

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Disponibles:

Autor Eugen Herrigel
Páginas 80
Edición Año 3a. E. 2009
ISBN 9706331174

Tú eres el arco, tú eres la fecha, tú eres blanco y tú eres quien pone todo en movimiento. De esta manera, quien acierta en el blanco y el blanco mismo dejan de ser dos presencias antagónicas para convertirse en un solo ser. En el fondo, este principio engloba a cualquier arte oriental. No se trata de buscar un goce estético ni un fin utilitario sino, más bien, que todas las artes absorban como finalidad el ejercicio de la inteligencia y su puesta en relación con una dimensión esencial que, en última o en primera instancia, consiste en hacer de la persona un todo único de lo consciente con lo inconsciente.

En el caso particular de la arquería, el arquero deja de lado la preocupación por dar en el blanco que tiene ante sí para tratar de llegar a un estado inconsciente en que toda su persona se vuelve uno, indivisible, con la técnica y su destreza que lo hará dar en ese blanco y en cualquier otro blanco. El concepto básico es que el hombre es una flecha pensante, pero que sus más grandes logros los obtiene cuando no está pesando o calculando el resultado de sus actos. Cuando él es quien obra y, al mismo tiempo, es la obra en sí misma. Sólo cuando él ser humano alcanza esa virtud y esa destreza, se convierte en un artista zen de la vida: se convierte en arco, en blanco, en arquero, en un ser pleno de sí mismo y del mundo que lo circunda.

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